Hace algún tiempo ya estuvimos enseñando algunas ilustraciones y páginas de un cómic de Leyendas de Lácenor protagonizado por Nam y Nórbak, una pareja de personajes que cobrarán cierto protagonismo a partir de la segunda novela de la trilogía (Luces y sombras, a la venta en Mayo). A raíz de una oportunidad que se nos ha presentado, hay novedades al respecto. Este primer trabajo ha sido temporalmente paralizado y hemos arrancado con algo que tendrá mucha más relación con la trama que se desarrolla en la trilogía de novelas.
El cómic de Leyendas de Lácenor tendrá cuarenta y ocho páginas que incluirán un cómic de unas cuarenta dibujado por Triguero, portada de Jose David Lanza (dibujante de Roleage) e ilustraciones de autores invitados de la talla de Salva Espín o Nacho Fernández. Este trabajo nos presentará el origen de Tórak Zádor, un personaje que pese a su escasa aparición en La ciudad blanca (primera novela de la trilogía) cobrará importancia a medida que transcurra la historia narrada en Leyendas de Lácenor. También aparecerán Caronte y Necro, dos de los personajes protagonistas de Luces y sombras y muy relacionados con el pasado de Tórak Zádor.
Como avance podéis ver una ilustración promocional de Tórak Zádor, realizada por José Manuel Triguero, y el fragmento de La ciudad blanca en el que presento al personaje.
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| Avance del cómic en que se nos presentará el agitado pasado de Tórak Zádor antes de fundar los Caballeros de Zadora |
Sabryna abrió los ojos de nuevo. Aún se encontraba tumbada en el suelo, pero todo lo demás había cambiado. Iba vestida con la vieja armadura de cuero que usaba para entrenar y llevaba el largo cabello oscuro recogido en una coleta. Tumbada sobre piedras y arena podía sentir el calor del sol en su piel.
Una sombra se proyectó sobre ella.
–No quería lastimarte, Sabryna –dijo un hombretón, mirándola con expresión avergonzada.
Iba vestido con otra armadura de prácticas similar a la de la mujer y sus brazos mostraban las cicatrices de innumerables batallas. Un yelmo metálico que emulaba una calavera humana cubría su cabeza por completo. El guerrero se echó un martillo de batalla sobre los hombros y tendió la mano a la mujer. Ella aceptó el ofrecimiento y se levantó con su ayuda.
–¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy? –preguntó.
–No fastidies –respondió el hombre–. No te he golpeado tan fuerte.
Ella esbozó una sonrisa y miró a su alrededor. Las olas del mar rompían contra las rocas de la playa donde se encontraban. En el horizonte se recortaba un enorme castillo negro.
–Zadora –susurró.
–¿Te encuentras bien? –preguntó su compañero–. Estás empezando a preocuparme de verdad.
–Creo que sí –respondió ella.
–¿Qué pasa aquí? –exclamó una tercera voz. La mujer sintió un escalofrío al reconocerla y se volvió de inmediato.
Una figura a caballo salió de entre los árboles de la isla y se aproximó a los guerreros.
A diferencia de ellos, no vestía una armadura de entrenamiento. Estaba cubierto por una armadura de placas de color gris y una capa negra ondeaba a su espalda. El caballo, un semental bayo de manchas blancas en rostro y patas, se detuvo junto a la mujer. Los ojos azules del recién llegado se encontraron con los suyos, mientras un fuerte viento alborotaba el cabello negro del caballero.
–Tórak –susurró ella, embriagada por la presencia de su señor.
–De verdad, no entiendo cómo puedes soportar ir vestido con toda esa chatarra, cualquier día vas a quedarte pegado a la armadura con este calor –bromeó el grandullón.
–¿Qué has hecho esta vez? –preguntó él con calma, mirando al gigantón del extraño yelmo.
–Ya empezamos. La culpa para el hombretón grande y tonto, ¿verdad?
–Caronte, por favor –repitió el caballero.
–Vale, vale. Pero te juro que yo no he hecho nada. Estábamos entrenando y de pronto se cayó al suelo –respondió este encogiéndose de hombros.
–Estoy bien, de verdad –añadió ella–. Creo que solo ha sido una pesadilla.
El guerrero de la armadura miró a la mujer, sonriendo. Ella le devolvió la sonrisa. Caronte, incómodo, se rascó el casco y miró hacia otro lado.
–Vengo a por una respuesta, Sabryna –dijo Tórak finalmente–. Mañana parte un barco hacia Lácenor, necesito saber qué vas a hacer.
Ella sonrió. No comprendía qué era lo que estaba pasando, pero sabía exactamente cual era la respuesta que le iba a dar al caballero.
–No puedo quedarme aquí –explicó–. Me gustaría, pero siento que aún me quedan muchas cosas por hacer.
–¿Rechazas el puesto entonces? Sabes que no encontraré a nadie mejor para dirigir a mis caballeros.
–Tendrás que hacerlo –respondió ella–. Aunque sigo pensando que Caronte es mucho más apropiado para esa tarea.
–Él debe entrenar a la élite de nuestra orden, los Puños de Zadora. No puede encargarse de las dos cosas. Tampoco puede gobernar a mi lado –explicó Tórak, mirando con complicidad a la mujer y arrancándole otra sonrisa.
–Además, no sirvo para dar órdenes. Ni para recibirlas –intervino el hombretón con una carcajada.
–Estoy decidida –insistió ella–. Cuando parta ese barco, iré en él.
–¿Volverás? –preguntó el caballero.
–Claro que volveré –respondió ella–. Os lo prometo.
–Si tienes problemas… –añadió Tórak.
–Estaré bien –insistió la mujer.
–Si tienes problemas –repitió él–, tan solo házmelo saber. No tienes que luchar sola.
La mujer le miró, como impactada por un puñetazo.
–No tienes que luchar sola –repitió él, con un susurro.
¡El mundo de Lácenor sigue su expansión!

2 comentarios:
Mi más sincera enhorabuena, kyo.
Enhorabuena Kyo... estaré pendiente!!
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